DANZAN LAS HORAS
grises y doradas, en un vals de segundos.
Una manzanilla se enfría en la mesa,
con ojos de luna llena, serena y sabia.
El sol parpadea, su luz titilante
cuenta historias de sombras y silencios.
bajo un cielo pintado de nubes en fuga.
El viento, juguetón, desordena recuerdos,
hojas de calendario, páginas de la infancia.
Sus letras, puentes a mundos no nacidos.
Una melodía se escapa de una ventana entreabierta,
notas que bailan en el aire, libres y etéreas.
Así, en el fluir de lo mundano
se tejen hilos de infinito.
En esta danza de lo simple,
reside el misterio profundo, el arte de lo vivo.






