El haiku y el dinosaurio
Mentira o no, alguien me aseguró durante una turbia noche de tertulia que el hiperconocido minicuento de Monterroso había adoptado en un principio la forma del haiku:
Al despertar,
el dinosaurio estaba
aún allí.
Según el experto, por alguna desconocida razón, Monterroso cambió de criterio y decidió entonces escribir el microcuento más famoso, imitado, repetido, versionado y, en aquel momento, breve de la historia de la literatura universal. Analizado como un poema de un verso, "El dinosaurio" consta justamente de las mismas diecisiete sílabas métricas o moras que articulan el haiku, dado que «el descanso sintáctico representado por la coma no impide la sinalefa» (J. Domínguez Caparrós, "Elementos de Métrica española", 2005):
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. (16 + 1)
Desde entonces, a consecuencia de aquella revelación tan casual como resbaladiza, no puedo leer esta magna obra de Monterroso sin imaginarla como un mero vestido que adorna la verdadera carne del supuesto haiku que, con toda probabilidad, jamás compuso el genial autor de "Movimiento perpetuo".






