La sandalia
nos acerca a la playa de la infancia
su pobreza de goma, la fragancia
intensa y dulce a plástico y a dalia.
La memoria no esconde y no palia
la pintura apagada, gris y rancia
de un tiempo y su triste circunstancia,
que nos deja su relato en represalia.
El fluente barro de sudor y arena
que negrece las uñas y los dedos,
la niñez aún alegre (mas no plena)
a pesar del silencio y de los miedos,
de los pobres del sábado y su pena,
de los guardas del orden y sus credos.







