Los talleres de escritura sólo son capaces de enseñar a escribir bien, pero escribir textos interesantes... eso ya es otra cosa.
Después de asistir a un buen taller de escritura (donde la urbanidad literaria es la norma), debería ser obligatoria una terapia de desintoxicación basada en la práctica de una escritura realmente creativa, silvestre, experimental, en busca de la "novedad", en su acepción de "originalidad".
Buena parte de la literatura actual que se vende en los mercados parece salida de estos talleres: trama impecable, ritmo medido, dosis exacta de emociones en función de los personajes... literatura fabricada en serie, compatible con la maquinaria de reloj suizo de las editoriales.
Tanta literatura bien escrita y que no molesta a nada ni a nadie sólo acaba por saber como ese tomate de aspecto hermoso y de un rojo brillante que no sabe a nada. A nada.