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Francisco C. Ayudarte Granados

Motril (Granada), 1958

Autor de más de treinta libros de poesía, cuento y edición literaria, y de la novela histórica El testimonio del silencio. Primer premio en el Concurso de Cuentos Gabriel Aresti de Bilbao (2026).

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Último libro

Portada de El testimonio del silencio

El testimonio del silencio
Catalina de Motril, la esclava que guardó el secreto de una reina
Novela histórica · 2025

El «Gran Asunto» de Enrique VIII, su empeño en anular el matrimonio con Catalina de Aragón, contado desde quien nunca tuvo voz: la esclava motrileña que sirvió a la reina y guardó lo que vio.

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Próximamente: Memorias de agua. Crónicas de la Acequia Real (Colección Genil, Diputación de Granada, 2026).

Algunos libros

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Premios recientes

  • 2026 Primer premio, 43.º Concurso de Cuentos Gabriel Aresti (Bilbao)
  • 2026 Primer premio, I Certamen Iberoamericano de Relato Breve «El Vínculo Atlántico» (Santander)
  • 2025 Primer premio, XIII Concurso Internacional de Relato Bruma Negra
  • 2025 Primer premio, Concurso Literario «Ciudad de Alfaro» (La Rioja)

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Juan de Ariza: Cronología

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Leer aquí la entrada actualizada: Cronología de Juan de Ariza (14 de marzo 2016)   Cronología: 1816 : Juan de Ariza y Palomar nace en la localidad mediterránea de Motril (Granada) el día 11 de diciembre. Hijo de D. José Ariza y Compans y de María de los Dolores Palomar y Ariza, familias de origen noble y acomodado, es bautizado ese mismo día en la Iglesia Parroquial y Colegial por su tío paterno, canónigo de dicha iglesia, Juan Fernando de Ariza. 1820 : Muere el padre del poeta. Éste queda bajo la tutela de su tío Juan Fernando de Ariza, Vicario del Distrito. El 24 de Mayo de 1820 es confirmado en Granada por el Arzobispo Blas Joaquín Álvarez de Palma. 1821-39 : Años de formación, en la que intervienen, además de su tío, los exclaustrados Juan de Rivas, filipense, y Juan de Rojas, capuchino, que tal vez sean la misma persona. Escribe sus primeras composiciones, al parecer poemas, que dedica a sus amigos. Indicios de que pasa el verano de 1836 en Pinos del Valle. 1840-43...

Ramas de un álamo niño

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RAMAS DE UN ÁLAMO NIÑO Ramas de un álamo niño se sube el sol a jugar, los otros álamos blancos se lo quisieran quitar. —Vente, sol, junto a nosotros, ven a los tres escalar, que ese álamo es muy tierno para contigo jugar: no sabe jugar a nada, es una calamidad, que ni los gorgojos quieren su madera taladrar, que los pájaros que anidan no volverán a anidar, que radiando con tu fuego su corazón prenderás. —No sufráis, álamos altos, no sufráis, tan altos álamos, que para jugar con todos al más tierno he olvidado, que no le dejáis crecer con vuestro ramaje alto, que no me lo dejáis ver con vuestras hojas de ampo. No volveré a jugar, no, que si no me hacéis un claro cubriré vuestra corteza aun de muérdagos y endriagos. Ramas de un álamo niño se sube el sol a jugar, los otros álamos blancos se lo quisieran quitar.

Un cuento de guerra

Un cuento de guerra Todo comenzó una tarde calurosa de setiembre del treinta y seis. A Cristóbal, que rondaba entonces cuarenta años, se le ocurrió dejarse caer por la taberna de su paisano Nicolás, que abría sus fauces frente al portón de la fragua, para mojar la palabra con vinos de la tierra. Cristóbal, recién llegado de Albondón, acababa de instalar su forja hacía varios meses en unos bajos, entre las calles Chispas y Ciprés, arrendados a unas pudientes "mocicas viejas". Allí, en las otras piezas de la casa, vivía el herrero con su mujer y su hija, y éstas sólo abandonaban la vivienda el rato imprescindible para hacer la compra con vales del Comité de Barriada, a falta de dinero en metálico. Noventa días atrás, la fiebre de la guerra civil se había adueñado de los vecinos del pueblo. A veces, acaecían graves atropellos o muertes inexcusables que eran denunciadas por las propias autoridades republicanas. Al aguardo de tiempos mejores, en la despensa de la familia de Cristó...

Frágil milagro

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FRÁGIL MILAGRO Flor, náufraga silvestre, ayer bosque de encinas y alcornoques, ¿qué haces tú —sola y viva— en la inmensidad lunar de la sed, en el corazón estéril de lo inerte?

Niños gitanos

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NIÑOS GITANOS ¿Bronce y sueño, Federico? ¿De qué bronce y sueño forjados?: ¿de sueños abatidos?, ¿de bronce golpeados? Pero los niños, estos niños pícaros, ingenuos y pícaros, con los ojos encendidos, ¿viven ya en su horizonte?, ¿se detuvo su destino? ¿Vendrá una esperanza sonora, un diminuto solsticio que remiende su futuro de pantalón descosido?

Como otoño frío de agua

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COMO OTOÑO FRÍO DE AGUA Como otoño frío de agua corre en tus arrugas el tiempo, en su mano una azada y mucho camino dentro. Las bolsas de tus ojos tristes guardan los días de fiesta, las lentas semanas grises, las mulas de trilla en la era, los tinaos de castaño, los abriles. Tu pelo se ha ido para siempre a vivir al invierno, con las estrellas de nieve y los cristales de hielo. Las venas te abrazan las manos como enredaderas, como añosos troncos; como ramas se adosan y trepan, culebrean. No ocultan que naciste desnudo y pequeñito la chaqueta ni el sombrero, sin pedirlo por escrito. Tus ojos y tu boca expresan lo que has visto y has callado: la mueca escéptica, el mirar quebrado. Sin poder evitarlo el sol, sin querer impedirlo la sombra, sostiene tu hastío el bastón mientras oyes crecer las horas.

Las calles más estrechas

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LAS CALLES MAS ESTRECHAS Las calles más estrechas y huérfanas tutelan el abandono de los pasos, el lento cabeceo del sosiego, la tórrida siesta veraniega. La tarde, como un lienzo, se pasea desnuda y de costado para caber apenas y dejar sitio a las sombras, a la brisa, al silencio. Fuera de las calles de la ciudad vieja no se encuentra esta intimidad de iglesia, este recogimiento de mezquita, estos mil doscientos veranos. Por estas venas de la ciudad circula nuestra sangre más antigua y más nueva, mezclada y espesa, unida. El que navega por estas calles siente nostalgia de sí mismo. Las calles más estrechas de Motril sacan a pasear sus recuerdos, suben y bajan por el viento, zizzaguean de improviso, se desparraman al azar como arabescos, se defienden del olvido tras su invisible muralla.